jueves, 27 de junio de 2013

Nuestras enemigas.

Muchas veces me paro a pensar en las relaciones que tenemos las mujeres entre nosotras.
Me encantaría poder decir que somos hermanas, que bailamos todas juntas, haciendo girar el mundo con nuestra danza.
Pero no es así.
Siempre me ha dado la impresión de que no podía fiarme de otras mujeres. Siempre he tenido en mente la idea de que, la peor enemiga de una mujer, es otra mujer.
Si nos paramos a pensarlo, no es tan raro que tengamos esos sentimientos...de rivalidad. De competencia.
El mundo nos manda imágenes de mujeres luchando las unas contra las otras por la fama, el éxito, y cómo no, por los hombres.
Puede parecer exagerado, pero creo que esto comienza desde la infancia, por ejemplo, con Disney.
¿No os habéis fijado que en los clásicos de esta factoría, la prota de las pelis (en general) es una mujer, y la mala otra mujer? (Blancanieves y la madrastra, Cenicienta y sus hermanas y madrastra, la Bella Durmiente y la bruja, Ariel y la malvada Úrsula, etc.) Los amigos de la mujer, sus aliados, son hombres, (excepto quizás en la bella durmiente, las tres hadas). El cangrejo Sebastián, los siete enanitos, los ratoncitos...etc.
Y la figura materna es inexistente.
Quizás es aquí cuando nuestra mente empieza a asimilar que las mujeres, por naturaleza, debemos ser enemigas.
Después, al crecer...¿quién no ha oido los típicos comentarios de mujeres diciendo: "Mira que pintas lleva fulanita" "Qué culo más gordo" "Qué puta". (Lo de Puta siempre sale por todos lados, siempre)
Las que peor suelen mirar a una chica son otras chicas, las que muchas veces intentan poner límites a cómo vestir, qué hacer con nuestro cuerpo, con nuestra sexualidad, las que muchas veces te critican por llevar faldas muy cortas, son mujeres.

Y todo esto porque la cultura patriarcal nos ha enseñado a odiarnos, a ser enemigas, a rivalizar por el gran honor de ser merecedoras de ellos, de los hombres.
Trabajé un tiempo en una residencia donde casi todas las empleadas eran mujeres. El ambiente era pésimo, mis compañeras intentaban hacerme la vida imposible, y se pegaban puñaladas entre ellas a la menor oportunidad. Nunca entré en el juego, y os aseguro que intentaron hacérmelo pagar caro.
¿Por qué? ¿Por qué tenemos que ser enemigas? ¿Por qué tenemos que bailar al son que nos tocan los hombres, por qué debemos luchar entre nosotras, en vez de trabajar en conjunto, para sanarnos, para elevarnos espiritualmente? ¿Por qué no podemos conectar?
Buscamos el respeto de los hombres, pero ¿Cómo pretendemos que nos respeten ellos cuando no somos capaces de hacerlo entre nosotras mismas? Si le pides a tu chico que no te llame puta, pero luego tú llamas puta a una chica con minifalda...¿Qué mensaje estás dando? ¿Qué imagen les dejamos?
He oído infinidad de veces comentarios de hombres que dicen que las mujeres no podemos ser buenas amigas entre nosotras, que somos las que más nos discriminamos, que es imposible trabajar a gusto en un ambiente en el que todas o casi todas son mujeres...tuve un profesor que una vez dijo: "Una vez tuve una clase en la que todas las alumnas eran chicas. Cada vez que cruzaba la puerta del aula, me daban escalofríos"
Yo quiero encontrar un círculo de mujeres con el que compartir, reunirme alrededor del caldero y contar historias sobre la Luna, hablar sobre nuestros ciclos, bailar en espiral, quiero mujeres que respeten mi relación con mi novio, mujeres con las que reír y llorar. Mujeres que amen su cuerpo y no juzguen el mío.
Quiero que las mujeres dejemos de destruirnos las unas a las otras.


viernes, 14 de junio de 2013

Creativa

Desde que dejé la píldora,y comencé a escuchar a mi cuerpo, he comenzado a notar en mí una serie de cambios que me están sorprendiendo enormemente.
Para empezar siento la necesidad de permitir a mi cuerpo expresarse, danzar, saltar, liberarse.
Más de una noche, ya de madrugada, he sentido el impulso ineludible de bailar, y, pese a que nunca me he atrevido a moverme mucho, que nunca he sabido seguir ningún ritmo, peses a que no bailo nunca por pudor, ni si quiera estando sola, repentinamete me encontré danzando en mi cuarto con total libertad. Sin música, sin coreografía, sin luz, sin nadie...
Simplemente siguiendo el ritmo de mi cuerpo, liberándome, haciendo los movimientos que me apetecían, que mi ser me pedía...y nunca me había sentido tan eufórica ni tan libre. Mi percepción me avisó de que había algo más que ese baile...que estaba conectando con algo mucho más profundo...
Esto me ha ocurrido en un par de ocasiones.

En otro momento (también en la noche) me dieron muuuuchas ganas de pintar. Nunca he sido buena en los trabajos manuales, y no diagamos ya en la pintura, pero tenía tantas ganas, que agarré unas témperas viejas y comencé a pintar...sin pensar, simplemente, dejándome llevar. Sobre todo me salieron espirales...de tantos colores, tan en...movimiento. Además, no era capaz de usar pincel, el impulso me llevó a pintar con las manos.
Y no solo en el papel, necesité pintar espirales en mi cuerpo...mi vientre....

He descubierto que me encantan estos arrranques de insensatez. Me encanta, simplemente...dejarme llevar.